¿Te has preguntado de dónde vienen las tejas de barro? ¿Cómo se convirtieron en una estampa de la arquitectura?

Egipto: donde todo comenzó

Paja, ramas y hojas eran los materiales que las antiguas civilizaciones originalmente utilizaban para sus techos. Pero las civilizaciones mesopotámicas que se asentaron alrededor del los ríos Tigris y Éufrates decidieron que necesitaban algo que realmente los protegiera de los elementos. Es así como, alrededor del año 2000 A.C., llegó un producto que cambiaría el rumbo de la arquitectura: la teja de barro.

Expansión

Grecia y Roma fueron los siguientes en dar la bienvenida a la teja de barro. No solo su funcionalidad, sino su estética y belleza la convirtieron en la favorita del continente europeo, además de una estampa de buen gusto.

Con el paso del tiempo distintas formas, materiales y estilos de tejas se crearon y llegaron para quedarse.

Diseño ergonómico

La forma en medio círculo de la teja no es casualidad. La pierna de los artesanos que las fabricaban funcionaba como molde. Además, al poner una sobre otra, se lograba un recubrimiento que servía para impermeabilizar. Aunque la manera de fabricarlas ha cambiado drásticamente, sus capacidades impermeables permanecen.

Capacidades

¿Porqué ha perdurado la teja desde hace más de cuatro siglos? Por sus capacidades aislantes, su impermeabilidad, durabilidad, facilidad de instalación, su carácter económico y su capacidad de combinar con todo estilo arquitectónico.

Las tejas de barro no solo son elementos prácticos en nuestras edificaciones, sino que están cargados de historia.

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